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-Un Clamor Popular-
La lucha encarada por Juan Carlos Blumberg para lograr mejorar la seguridad, totalmente superada por los niveles de delincuencia, muy a pesar de las autoridades de aplicación que desde los gobiernos nacional y provincial de Buenos Aires, traten de hacernos creer lo contrario Una encuesta en un sitio de internet, preguntaba si se estaría de acuerdo con los escuadrones de la muerte, y más del 70% de los que respondieron, sostuvieron que sí. Esto podría asombrar como un despropósito en cualquier país normal, sin embargo, gracias la corrupción imperante en todos los órdenes de quehacer nacional, en especial en la política y la justicia, permiten entender este 70% que con el correr de los días elevará sin duda este porcentaje. ¿Cómo no despertar ese sentimiento que va de la mano de la venganza, si uno asiste asombrado como los delincuentes de la mano de los jueces corruptos o indiferentes, están más rápidos en la calle que lo que demora en radicar la denuncia el damnificado? A algunos jueces se los ve más apegados al código penal a favor de los delincuentes (por alguna génesis que los hermana) que de la gente honesta que trabaja esforzadamente por mantener con dignidad una familia. Día a día vemos como un grupo de diputados intenta bajar aun más las leves penas y niegan bajar la edad de imputabilidad de los menores, a pesar que los menores cometen homicidios, raptos y robos como el más avezado de los delincuentes. La violación, depende del juez, puede ser un delito menor, y el robo con un arma de juguete no pasa de una reprimenda. ¿Cómo no entender a la gente, que vive cada día con más asombro la licuación de penas en lugar de sumarlas, tal sucede con EEUU, que por un crimen tienen determinados años de cárcel, por dos es el doble, y así sucesivamente? Aquí, gracias a los derechos humanos, el delincuente tiene más derechos que los ciudadanos. Mientras el asesino en la cárcel tiene casa y comida asegurada, puede hacer deportes, además estudiar y recibirse de abogado (casi todos optan por esta profesión). Los jóvenes que no tienen un determinado respaldo y tienen que trabajar, difícilmente pueden estudiar o cuanto menos les resulta muy largo, costoso y difícil recibirse. Donde impera la justicia, la idea de un escuadrón de la muerte no existe ni en la más afiebrada de las mentes. Sin justicia, la idea cala hondo entre los ciudadanos más honestos y responsables. Aspiran a que alguien ignorando las leyes y las normas devuelvan el daño ocasionado. Ojo por ojo. Lo que ninguna persona honesta se atrevería a hacer por si misma. Lo extraño es que ya no hayan aparecido, escuadrones o justicieros, porque motivos para que existan sobran. Afortunadamente, pese a algunos malos políticos y jueces, este sentir bastante generalizado no plasmó. Digo afortunadamente, ya que lo traumático es que una vez instalados en la sociedad, es muy difícil desarticularlos. Por ello, todavía están a tiempo de escuchar a la gente. Los Escuadrones, una vez instalados en la sociedad, se sabe como empiezan, lo que resulta imposible de determinar es como termina. La omnipotencia, la sordera cómplice y colectiva de una justicia que no es justa, puede generar consecuencias que no resuelven los tardíos arrepentimientos.
Richard Leslie Ramsay
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