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Carlos Ortiz
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- La única verdad es la realidad - En los últimos tiempos, hemos escuchado distintas opiniones acerca de la situación energética de nuestro país. Algunas de ellas afirman que la crisis, y por ende la escasez, ya nos alcanzó. Otras, las menos catastróficas y más acorde con el discurso oficial, afirman que todavía habría margen de maniobra y que la crisis aún no ha llegado. A esta altura de los acontecimientos, podríamos concluir sin temor a equivocarnos, en que hay crisis energética, lo discutible es la magnitud de la misma.
QUE NOS SUCEDIÓ
Evidentemente en la Argentina, no solo son recurrentes las crisis económica-financieras, sino también lo son las de infraestructuras. Haciendo algo de memoria, podemos recordar que a mediados de los ´80, el gobierno del Dr. Alfonsín, nos pedía que ahorremos energía. Si extrapolamos ese cuadro de situación a la actualidad, vemos que en este tema la situación no ha cambiado mucho. Hoy también el gobierno nos pide que ahorremos energía.
Para entender el funcionamiento de este mercado, que además es un bien público, vamos a repasar como fue evolucionando y transformándose hasta la actualidad. En los años ´80, en el mercado eléctrico argentino intervenían varias empresas vinculadas al sector eléctrico. Algunas de ellas eran solamente generadoras de energía, por ejemplo Agua y Energía, que operaba las centrales hidráulicas del Chocón y Piedra del Águila. Otras empresas estaban integradas verticalmente y generaban y distribuían. Como ejemplo de estas podemos citar a SEGBA. Y u tercer grupo podemos considerar a las transportistas. Con la crisis económica y la consecuente falta de inversión por parte del Estado, no solo en nuevos emprendimientos, sino también en el mantenimiento de la infraestructura existente, las del sector se hallaban en situación de funcionamiento precario, al borde del colapso, junto con todo el sistema. Y hacia fines de la década, el servicio que proveían estas empresas era con cortes programados.
Ya entrado los ´90, se privatiza la mayor parte de las empresas del sector energético eléctrico y esto produce grandes inversiones y transformaciones en este mercado. En primer lugar se produjo una desintegración vertical de empresas, y de esta manera se crearon tres mercados. El primer mercado es el de generación de energía eléctrica. Este es un mercado totalmente abierto, y esto significa que cualquier persona (oferente) puede ingresar o salir del mismo (dedicarse a generar energía). Casi se podría decir que es de competencia perfecta. Se puede generar energía en cualquier lugar del país y se la entrega (vende) al SIN (sistema interconectado nacional), y este sistema la transporta a los centros de demanda y consumo. Es decir que podemos consumir energía que fue generada en cualquier punto del país conectado al SIN.
El segundo mercado que se crea es el de transporte de energía. Y este surge debido a que la generación de la misma, como dijimos antes, esta lejos de los centros consumo. Como ejemplo podemos decir que gran parte de energía se genera en el Chocón, Piedra del Águila y Yaciretá, y se consume en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y otros centros urbanos e industriales. Este tipo de mercado es un monopolio perfecto regulado por el estado, ya que es imposible, en este caso, generar un mercado competitivo. Para comparar con algún otro bien público, podemos citar la provisión de agua potable a una ciudad cualquiera. No se generan redes paralelas, ni dos empresas con el objetivo de crear un mercado competitivo, ya que en ese caso ambos oferentes perderían.
Ya hemos analizado la generación y el transporte de energía. Entonces aparece el tercer mercado que es el de distribución. Y aquí participan las empresas distribuidoras de energía. Las mas conocidas en el área del conurbano metropólitano de Buenos Aires son: EDESUR, EDENOR y EDELAP. Estas empresas son las que distribuyen la energía hasta cada una de nuestras casas. Y digo casas, porque si una empresa o industria se dedica a alguna actividad electro-intensiva, puede comprar energía en el mercado eléctrico mayorista (y no a las distribuidoras), pagando un peaje por el uso de los cables de las empresas distribuidoras, pero pagaría un precio menor (precio mayorista) por la energía. A estos se los llama clientes GUME (grandes usuarios menores) y GUMA (grandes usuarios mayores), según la cantidad de energía que utilicen.
Y por último, como la demanda de energía es variable en función de la hora del día, también varia el costo de producción en función de cómo se genero esa energía, y por ende varía el costo de venta en función de cada hora. Por lo tanto, la energía eléctrica tiene un costo horario variable.
DETERMINACIÓN DEL PRECIO DE ENERGIA CONSUMIDA
La administración de la compra de energía a los generadores, y la venta a los distribuidores, se realiza a través de una empresa llamada CAMESSA, y que la integran todos los generadores de energía que venden al SIN. CAMESSA, crea una lista de proveedores de energía, ordenados según el precio desde el más bajo hasta el de precio más alto. El precio que determina pagar la administradora del mercado eléctrico, por hora, a los generadores, es el precio mas alto del oferente que cubre las necesidades de demanda en ese horario. Así, de esta manera, los oferentes con precios más competitivos (los precios más bajos), esta suministrando energía la mayor parte del tiempo, mientras que los menos competitivos (los precios mas caros), suministran energía al sistema, en situaciones excepcionales o en determinados horarios de consumo pico. Esto sucede generalmente cuando salen de servicio algunos equipos de ciclo combinados o cuando hay bajantes en los ríos y no hay agua en las represas hidroeléctricas o cuando las centrales nucleares salen de funcionamiento para mantenimiento.
Como en cualquier otra actividad económica, a los generadores de energía les interesa vender sus productos, en este caso energía eléctrica. Es por eso que su motivación es buscar posicionar el precio de su producción en los primeros lugares de la lista de la administradora CAMESSA. Es por ello que están motivados a realizar inversiones en tecnología de generación, para producir a precio más bajos constantemente y de esa manera vender energía durante mas horas del día. (no olvidemos que la energía eléctrica hay que consumirla cuando se produce, no se puede almacenar). Esto fue así mientras el mercado funcionó libremente y los precios lo determinaba la oferta y la demanda y el estado controlaba el libre funcionamiento, las perturbaciones, el control accionario de los distintos sectores, y prueba de ello ha sido la constante disminución de los precios de energía eléctrica domiciliaria. Como estamos viendo, hasta aquí, el mercado crecía y se desarrollaba normalmente. La demanda de energía eléctrica crece en función directa con el PBI. Por lo tanto si la economía se sigue desarrollando, esta sigue demandando energía. Pero evidentemente algo sucedió y la crisis volvió.
DE NUEVO LA CRISIS
A principio de 2002 se produce una mega devaluación. En ella se licuan tantos los precios como los salarios. Pero no los costos de los insumos, máquinas, tecnología, etc. Como toda actividad económica, las empresas que realizan esta actividad lo hacen para obtener rentabilidad. Esta rentabilidad se puede estimar como una tasa en función de la inversión. La mayor parte de esta inversión esta dada a moneda constante (dólares) ya que los equipos generadores son bienes transables, y los insumos de los mismos también, ya sea gas, fuel oil, gas oil, cobre, etc. En los cuales las empresas generadoras son tomadoras de precio. Por si esto fuera poco debemos remarcar el fuerte aumento de precio que tuvieron el petróleo y el cobre en los últimos 6 años.
Si los precios de venta de energía los fija el gobierno, cuál la motivación a invertir en un actividad no rentable? Es obvio.
¿Por qué el gobierno mantiene fijo los precios de energía eléctrica? En primer lugar tendríamos que decir que cualquier precio que fije un Estado de manera arbitraria nos ubica frente a una economía dirigida, o a un mercado de características primitivas. No es menos cierto, que en este caso, post la mega devaluación irresponsable, las autoridades se quedan sin herramientas para evitar una espiral inflacionaria en medio de un ajuste general de precios. Pero lo peor de la crisis ya ha pasado. El crecimiento de la demanda de energía se lo estima a través de una ecuación econométrica, cuya principal variable es el PBI. Y este viene creciendo a razón de casi 8.5% promedio en los últimos 4 años, por lo tanto también crecerá la demanda, pero no la oferta. He aquí la cuestión: como se estimula una mayor inversión en el sector, sin aumento de precios. La respuesta a esta cuestión vendrá solamente de las prioridades que tenga el gobierno.
En mi opinión, el gobierno debe aprovechar la inercia de crecimiento y los altos precios de granos y commodities que presionan sobre la demanda agregada, estimulando el crecimiento. Si las autoridades nacionales coinciden con esta observación, es evidente que el único camino es autorizar aumentos de precios en el sector eléctrico para estimular la inversión y la oferta de energía. Caso contrario, el crecimiento se verá frenado por la falta de energía. Las empresas no podrán seguir creciendo para hacer frente al aumento de demanda, y de esta manera se interrumpiría el círculo virtuoso. Si observamos detenidamente la composición de las exportaciones, vemos que la variación cuantitativa es muy pequeña frente a la variación de precios de los productos exportados. Esto nos debería estimular a que aprovechemos la coyuntura de altos precios internacionales de nuestros productos. No se podrá tener todo el tiempo impuestos a las exportaciones, al cheque, ni precio del dólar tan alto (y por ende salarios tan bajos). Pero tampoco hoy se podría quitar esos impuestos con niveles de crecimiento cercanos al 9% y tasas de inflación de dos dígitos.
CONCLUSIONES
Como hemos visto, todo concluye en un problema económico, y en este caso de política fiscal. Es aceptable, a lo sumo discutible, las medidas de coyuntura económica que se vio obligado a tomar el gobierno ante la crisis. Pero cuidado que la coyuntura no sea lo eterno. En este momento se impone políticas en materia de energía, que sea de Estado. La crisis ya fue superada y en materia de energía deberíamos volver a la senda de crecimiento. Hoy deberíamos estar discutiendo el emplazamiento del Paraná Medio, Corpus y/o las próximas centrales nucleares(4, 5, 6). Terminar con la central nuclear Atucha 2, no debe ser discusión. No es verdad que sea antieconómico o diseño anticuado. El 80% de los costos de una central nuclear son por sistemas de seguridad. Deberíamos estar analizando los mecanismos y métodos para que las obras a construir no terminen costando el doble o triple que su valor real. En un país federal como el nuestro, completar las obras necesarias sobre el Paraná, no solo cubriría la demanda nacional, sino que desarrollaría el NEA con actividades electro-intensivas. No olvidemos que los yacimientos ferrosos de Brasil, podría salir por la hidrovía e incluso ser procesado en el NEA.
Carlos R. Ortiz
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