LA ORFANDAD DEL SISTEMA FERROVIARIO ARGENTINO
-La Necesidad de Políticas de Estado-
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Roberto E. Duarte |
Antes de abordar el tema central de este documento, es prudente responder algunos interrogantes que nos darán un marco teórico que defina la naturaleza y el alcance del mismo.
Qué es el estado?
A través de los tiempos, distintos filósofos, juristas, analistas e historiadores definieron al Estado de diferentes maneras.
Para Platón ( 428 - 347 a. C) en la República, el estado es un conjunto de individuos que se unen entre sí para satisfacer sus necesidades. Es una comunidad de auxilio mutuo, en la que los hombres se complementan para la satisfacción de sus necesidades. El estado ideal, según Platón, se compone de tres clases: la estructura económica que reposa en la clase de los comerciantes, la seguridad, en los militares, y el liderazgo político es asumido por los reyes-filósofos.
Aristóteles (384-322 a. C.) por su parte en su obra La Política, entendía que el estado es un conjunto de comunidades que se unen instintivamente, que es un producto natural. Todo es una asociación de familias que tienden a un bien común, y éste bien es el objeto más importante de esta asociación de tipo política.
Tomás Moro (1478-1535) en su obra Utopía dice que el estado es la expresión de los intereses de la clase dominante, en donde la propiedad es un derecho individual, todas las cosas se miden por el dinero y en donde no se puede nunca organizar la justicia y las prosperidades sociales.
Thomas Hobbes (1603-1679) sostiene que el estado es una persona, un soberano, cuyos actos forman por una gran multitud pactos mutuos, realizados entre sí, dando fortaleza entre todos y asegurando la paz y la defensa común. Hobbes sostiene que no puede haber paz y confort material en la tierra a menos que los individuos, que no tienen respeto natural hacia sus semejantes, estén sometidos a un estado soberano bien visible y muy armado, cuya función es imponer el orden y pacificar permanentemente a esos individuos.
Hans Kelsen (1881-1973) En su Teoría pura del Derecho señala que el estado es una relación en virtud de la cual alguien manda y gobierna y otros obedecen y son gobernados. A la relación de mando y obediencia se le denomina de autoridad. Este tipo particular de relación, de acuerdo con el mismo autor, es de poder.
Maximilian Weber (1864-1920) en una de sus famosos obras, La política como vocación, definió el Estado como una entidad que posee un monopolio en el uso legítimo de la fuerza, una definición que fue fundamental en el estudio de la ciencia política moderna en Occidente.
El estado puede definirse mediante metodologías explicativas y con proposiciones lógicas de derecho, pero también puede ser estudiado por los elementos que lo componen dentro de la teoría kelseniana como son el territorio, la población y gobierno, considerándolo como un ente autónomo que tiene cualidades jurídicas, económicas, sociales y políticas que en su conjunto procuran el bien común de una nación. La población es la totalidad de las personas que habitan un determinado territorio. Territorio está constituido por el suelo, subsuelo, espacio aéreo, las aguas y suelos submarinos donde se desarrolla la actividad estatal y donde el estado ejerce sus potestades. El gobierno es la estructura institucional organizada para ejercer el poder del estado.
Este ejercicio del poder por parte de un gobierno, que está enderezado a realizar los valores, intereses y objetivos para satisfacer las necesidades de los habitantes, no debe ser errático ni improvisado, sino en el marco de estrategias y políticas que perduren más allá de los circunstanciales cambios de gobernantes, para conferirle estabilidad, previsibilidad y seguridad a un estado. Cuando se aluden a estas pautas sostenidas en el tiempo, normalmente se refieren a estrategias y políticas de estado.
Qué es una política de estado?
Una política de estado es el conjunto de fines integrados por valores, intereses, objetivos y acciones, que expresan de manera indubitable una modalidad de intervención estatal en el desarrollo y funcionamiento de determinados sectores de un estado, en el marco de legitimidad y legalidad, con independencia de las calidades partidarias de los gobiernos que se sucedan, y con el fin ulterior de contribuir al bienestar general de la comunidad.
Está íntimamente relacionada con un proyecto de país.
La cualidad necesaria de permanencia de una política de estado por un largo periodo, no implica una cualidad pétrea – salvo por su coherencia con el núcleo de valores seleccionados –, sino que por el contrario, requiere de la suficiente flexibilidad para ser adaptada según las circunstancias cambiantes. Otra característica importante es que éstas políticas están generadas habitualmente en los poderes ejecutivos de los gobiernos, y en el mejor de los casos se convierten en leyes cuando así lo consideran los poderes legislativos.
Las políticas de estado son pautas, lineamientos dentro de los cuales se deben desarrollar las acciones para la realización de los fines, sean estos valores, intereses u objetivos. Constituyen verdaderos compromisos más allá de los fines sectoriales, que procuran hacer sostenibles en el tiempo los comportamientos de la población. En este marco esta la visión del estado que se tiene para un futuro posible, con planes racionales y una estructura de recursos factibles y aceptables.
Una política de estado excede el concepto de plan de gobierno, ya que éste constituye un proceso operativo técnico-político que pretende resolver diferentes circunstancias conflictivas, mientras que aquéllas otorgan un marco referencial a todos los planes que se formulan frente a las coyunturas cambiantes en periodos más cortos.
Las políticas de estado requieren elevado grado de consenso de la mayoría de los sectores que integran una comunidad organizada, en particular los vinculados con los campos de interés político, económico y social.
Como síntesis, podemos considerar que las políticas de estado tienen algunas particularidades que la hacen reconocibles y distintivas de otras políticas:
· Constituyen soluciones, respuestas y acciones sostenidas en el tiempo.
· Establecen una determinada modalidad de intervención del estado
· Establecen una impronta en el comportamiento de los actores que intervienen en conflictos con participación del estado.
· Procuran realizar los fines más elevados de una comunidad (En grado de abstracción): valores e intereses.
· Surgen de consensos entre las fuerzas sectoriales significativas y con cierto grado de representatividad y legitimidad.
· Consideran cuestiones que por su trascendencia y posible evolución en el tiempo, requieren estabilidad y previsibilidad de las conductas.
· Trascienden las apetencias individuales, partidarias y sectoriales
Cuáles son las políticas de estado que regulan el sistema de transporte ferroviario en Argentina?
Se aprecia una situación de crisis en el funcionamiento del sistema de transporte ferroviario argentino, ya que las privatizaciones (Concesiones) al parecer no cumplieron con los cometidos originales que era realizar una mejora continua, atendiendo las necesidades de los usuarios, sean éstos pasajeros como de cualquier otra calidad.
Es notorio y público como distintas circunstancias ponen de manifiesto una situación crítica del sector, como por ejemplo el concurso preventivo de varias empresas concesionarias; accidentes con pérdidas de vidas humanas; falta de seguridad para los pasajeros y las cargas; estado del mantenimiento de las locomotoras, del material rodante, de la señalización y de las vías; el incumplimiento de los horarios y la polución del ambiente.
Los efectos no deseados de los procesos de privatizaciones que se llevaron a cabo no solo impactaron en el ámbito específico del sistema ferroviario, sino que la incidencia ha sido muy fuerte en gran número de ciudades, pueblos y parajes que de repente quedaron sumidas en el desasosiego y el desamparo, cuando el ferrocarril, que en la mayoría de los casos era la única manera de vincularse con otras comunidades. Dejó de llegar el tren, dejó de ser, según opiniones de algunos sectores, “rentable en términos económico-financieros”, y entonces, poco a poco, los gobiernos fueron abandonando una de las funciones primordiales, que es procurar la satisfacción de las necesidades de la población, un adecuado desarrollo humano y una digna seguridad humana. El ferrocarril constituye un factor estratégico para cumplir dichos cometidos.
Basta viajar por cualquier lugar del país, y seguir los trazos de sistemas de vías férreas abandonadas, para encontrar a lo largo de sus trayectos, infinidad de localidades languideciendo a su suerte, con signos escalofriantes de desamparo y tristeza, de familias soñando con que el ferrocarril vuelva a pasar, de esperanzas que aún se mantienen latentes.
Si en algún momento histórico de nuestro estado, el ferrocarril fue una razón de estado, fue un instrumento de desarrollo y de integración de nuestra población y de nuestro territorio, cabe preguntarse entonces, cuál o cuáles son las razones de estado que hoy justifiquen sostener un sistema de transporte ferroviario en el estado que se encuentra?
No sería el momento de decretar de modo racional y amplio un estado de emergencia de la totalidad del sistema y adoptar políticas de estado que determinen un sistema que satisfaga las necesidades de la población y en armonía con los demás modos de transporte, con criterio de complementación y adecuándose a las exigencias de seguridad y calidad que impone la globalización del transporte y el comercio internacional?.
El sistema de transporte ferroviario de un estado integra a su vez necesariamente el sistema de infraestructura crítica del mismo, razón suficiente para formular políticas de estado que proyecten el desarrollo y el funcionamiento de un componente tan sensible para la cultura de gran parte de la población argentina, como es el ferrocarril. Se entiende por infraestructura crítica toda infraestructura que si es destruida o dañada seriamente afecta la integridad territorial, la seguridad del estado, la seguridad de la economía nacional y la salud pública, entre otros valores. El sistema de transporte ferroviario también debe estar integrado a las infraestructuras portuarias de nuestro país.
Si el transporte ferroviario se volviera más eficiente, sin dudas se reducirían los costos de flete con impacto directo en las pequeñas y medianas empresas, y si la red ferroviaria se extendiera de manera racional en ámbitos que claman por la llegada de este modo de transporte, volverían a florecer vastos espacios de nuestro extenso territorio.
Lo cierto es que los distintos modos de transporte en Argentina, desde hace un tiempo, no se desarrollan para complementarse como ocurre en otros estados y uniones de estado de estados, sino que sus comportamientos son competitivos, donde se procura desplazar unos a otros, y así podemos observar que pese a estar probado que para distancias mayores a los 500 kilómetros, el transporte mas conveniente desde el punto de vista de relación de costos por tonelada transportada, es el ferrocarril, casi todo se transporta por el modo de transporte automotor.
La adecuación del sistema de transporte en general, donde de manera racional se diseñen políticas de estado que alienten criterios de complementariedad y no de competitividad, con un fuerte fomento en orden a desarrollar e integrar vastas regiones paupérrimas de nuestro territorio, debería ser una tarea prioritaria del gobierno.
La ausencia de políticas de estado que informen sobre las cuestiones que impactan en el desarrollo y funcionamiento del sistema de transporte ferroviario argentino, con un enfoque innovador, con una visión en un futuro no menor a veinticinco años – 2030 -, evidencian una levedad condenable de quienes tienen la responsabilidad de pergeñar la Argentina que soñamos y deseamos para nuestros sucesores.
Las políticas de estado son de carácter insustituible y vitales para que un estado se desarrolle en armonía, tal como los hijos necesitan de sus padres para que el crecimiento sea compatible con los valores que hacen a la supervivencia de una sociedad. No tener políticas de estado o tenerlas inadecuadas, dejan huérfano a un estado, y este estado de orfandad es lo que se observa con relación al sistema de transporte ferroviario. Lo que hace más incomprensible todo cuanto se observa, es que existe suficiente y muy calificado grupo de profesionales argentinos que pueden contribuir a formular políticas de estado, que subsuma egoísmos, intereses sectoriales, ideologías, luchas partidarias y mezquindades que solo agravarán la crisis actual.
Las políticas de estado constituyen evidencias del grado de madurez política e institucional de un estado y es el elemento indubitable de la previsibilidad y de la seguridad jurídica.
Roberto E. DUARTE
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