AERONÁUTICA NACIONAL
-La película de la discordia-
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Manuel A. Gamboa |
Luego de la exposición de la película del cineasta y piloto, Ricardo Piñeiro, sobre la responsabilidad de la Fuerza Aérea en el manejo de la aviación civil; el gobierno Nacional anunció el traspaso de la administración aeronáutica a dependencias civiles, más precisamente al área de la Secretaría de Transportes.
De concretarse, estaríamos frente a una decisión coherente con los enunciados del Decreto 1012 de Emergencia Aerocomercial que FUNDOSMIL venía impulsando desde el año 2002, cuando planteaba esta necesidad y efectuaba -desde entonces- propuestas concretas que han sido tenidas en cuenta por el Gobierno que nos complace y mucho esta atención de las autoridades.
En primer lugar, cabe recordar que la actividad aeronáutica argentina nace al impulso de hombres como el Ing. D. Jorge Newbery y el Dr. D. Tomás de Anchorena, en los inicios del Siglo XX, que con recursos propios y contribuciones del Barón De Marchi -quien donó su isla ubicada en la desembocadura del Riachuelo para la actividad de los aeróstatos que traían los precursores de Europa- marcaron el inicio de nuestra aviación, inclusive perdiendo la vida en este emprendimiento como ha ocurrido con el primero de los nombrados.
La participación del Estado se produce recién en los inicios de 1920, a través del Ejército Argentino, pero como arma de guerra y transporte de correo.
Posteriormente, se desarrolló la actividad comercial con contribuciones del Estado Nacional e inversores civiles, pero con muchos altibajos. Un ejemplo de esta iniciativa era la empresa aerocomercial ZONDA Aeroposta.
Pero, quien realmente le da impulso es el Gobierno Justicialista -1945/1955- quien promovió una política planificada creando escuelas de pilotos civiles, fomentando la fabricación de aviones en la Ciudad de Córdoba, tal es así que en 1953 Argentina estaba entre los 6 países del mundo en construir aviones a reacción.
En aquel tiempo estaba todo previsto; los recursos humanos, el material de vuelo, los instructores, los aeroclubes, todo solventado por el Estado a través de la Secretaría de Aeronáutica Civil dependiente de la Presidencia de la Nación.
De esta manera, se forjó nuestra aviación civil, con decisiones oportunas e integrales que fueron destrozadas con el advenimiento de la denominada Revolución Libertadora -fusiladora para los peronistas-.
Lo que quedó de los destrozos, el Gobierno militar de Onganía lo transfirió a la administración del Comando de Regiones Aéreas de la Fuerza Aérea Argentina.
Hoy los pilotos y personal técnico aeronáutico, tanto provengamos del campo civil o militar estamos unidos; esperando que se afirmen políticas coherentes que saquen a la aviación civil y comercial del estancamiento tomando decisiones para afrontar el desafío de la transferencia y concretar la misma, no porque haya estado mal en manos de la Fuerza Aérea, sino porque escapa a sus fines específicos y las decisiones no pueden ser a medias.
La actividad hoy está dentro de parámetros aceptables tiene reconocimiento internacional en cuanto a la seguridad operacional más allá de algunos pocos casos puntuales en materia de seguridad policial como ocurre también en los países desarrollados.
A pesar de ello es dable reconocer que no hay muchos accidentes aéreos, porque se vuela poco y no existe saturación del tránsito aéreo. Si aumenta el mismo como naturalmente debe ocurrir si sigue mejorando la economía, podríamos estar recordando diariamente al cineasta y piloto por no haber escuchado sus alertas.
Existe desinversión en el sector por parte del Estado, por consiguiente la pregunta del millón es ... ¿estaría garantizada la misma si se pone en manos civiles, o el drama seguirá igual?
Es menester procurar que la imagen del celuloide no se transforme en realidad cotidiana.
El Gobierno o más precisamente la Secretaría de Transportes tiene la palabra.
Nosotros seguiremos respaldando las buenas decisiones como ha sido la promulgación del Decreto 1012/06.
Manuel A. GAMBOA
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